Juana Andrade-Lopez | Mikolji

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Juana Andrade-Lopez

"I'm a biologist, working with fish" was my answer for years the question: what do you do? and repeatedly have found a common response: "good! You're a marine biologist "; it always comes back to either questioning how someone becomes fixed in both freshwater fish and for many it is somewhat difficult to believe in its great diversity. Actually I work with fish, but over time I have found increasingly difficult to answer question arises: how much fish ?, know especially after leaving the field with Ivan Milkoji whom introduced me live to the objects of my studies: fish and their habitats.

My first contact with Ivan’s work was through the documentary "Freshwater fishes of Venezuela", Seeing it conveyed to me much more than the famous documentary produced by international channels as it showed me what lays underwater in many of the places in Venezuela I've visited and where I worked with musical background and Venezuelan remarks. My work in ecology involves direct contact with the fish and their habitat because delivery to capture individuals, and both field and laboratory try to extract the maximum amount of information that allows us to know and understand the structure and dynamics of these communities. But enter the habitat of these fish for hours and capture them in photo, video or just in memory provides information that would never be possible to obtain in a laboratory, especially because it is there in the wild where anyone is fascinated with them.

The invitation to take the field with Ivan was accepted immediately and already on the road we find a phrase that mark the journey, so funny and because everything on the field gave us: "If I get cooler, I'll die" (advertising Chewing Tabaco at the entrance of Calabozo - Edo Guárico). In our first dive in a crystal river in Apure I could see how a group of Hemiodus fled from us hiding in the dense and colorful aquatic vegetation, for minutes later out again and paraded in front of us in an orderly and quiet, as well as they did a couple of Aequidens, several peacocks (Cichla spp.) and wolf fish (Hoplerythrinus unitaeniatus). Out of the water and received instruction Ivan: "grab the keys to the truck, you put in front of me and shake in the water near the surface and shaking his hand as a lapping to attract piranhas" in then repeated in my mind several times "key noises do not attack the piranhaspiranhas are scavengers, piranhas will not hurt me, piranhas are good", but as he shook the keys, which "works with fish" asked: do that's for sure ?, not hurt me ?, to which Ivan replied smiling and tranquil to give me the confidence I needed, and I did. At the call of the keys attended several peacocks and then in a larger group, the Caribs, and there I was still surprised and surrounded by the "fearsome", quiet and beautiful as Ivan obturating piranhas. The next day I could see it live and direct that which had so often read about the complex cichlid reproductive strategies; Heros deployed a pair of courting his show in front of me while hundreds of small Hemigrammus curious and approached as giving small bites tickle my arms and legs; later I could see and touch a stingray genus Potamotrygon well in a crystal sandy bottom, I walked by the quiet before seeing it and I went out with step by step carefully.

Every night in camp I lay thinking about what I saw during the day and reflect on how fragile these ecosystems, how connected we are all component parts and what little we know of each of these species and their habitat requirements. I understood that we can, for example, examine a stomach content and identify prey in the diet of an individual, but that is only part of the complex feeding strategy of the species and its ability to adapt to fluctuating conditions of their habitat.

Thanks to Ivan and field experience with him I learned that in addition to taxonomy, phylogeny, biology and about fish ecology and that we need to interact with them in their habitat and establish that connection live to land on the complexity of the systems we studied as ichthyologists and that all our knowledge are tools to address, understand and become conscious of the need to conserve them; then we can transmit ... consciousness that goes beyond the transmission of knowledge.

Juana Andrade-Lopez


 “Soy bióloga, trabajo con peces” ha sido mi respuesta desde hace años a la pregunta: ¿a qué te dedicas?, y en repetidas ocasiones he encontrado una respuesta común: “¡qué bien! Eres bióloga marina”; posterior a esto siempre viene uno y otro cuestionamiento sobre cómo llega alguien a fijarse tanto en los peces de agua dulce y para muchos resulta algo difícil creer en su enorme diversidad. Realmente trabajo con peces, pero con el tiempo surge una pregunta cada vez más difícil de responder: ¿qué tanto sé de peces?, sobre todo después de salir al campo con Ivan Mikolji, quien me presentó en vivo a los objetos de mis estudios: los peces y sus hábitats.

Mi primer contacto con el trabajo de Ivàn fue el documental “Peces de agua dulce de Venezuela”, y al verlo me transmitió mucho más que los famosos documentales elaborados por canales internacionales, porque me mostró lo que hay bajo el agua en muchos sitios de Venezuela que he visitado y donde he trabajado, con fondo musical y comentarios venezolanos como la fauna y flora que lo protagonizan. Mi trabajo en Ecología implica un contacto directo con los peces y su hábitat porque entro a capturar individuos, y tanto en campo como en laboratorio trato de extraer la mayor cantidad de información que nos permita conocer y comprender la estructura y dinámica de éstas comunidades. Pero entrar al hábitat de éstos peces, por horas, y capturarlos en foto, video o simplemente en la memoria, proporciona información que nunca sería posible obtener en un laboratorio, sobre todo porque es allí en su hábitat donde cualquiera queda fascinado con ellos.

La invitación para salir al campo con Ivan fue aceptada de inmediato y ya en la carretera encontramos una frase que marcaría el viaje, por lo graciosa y porque todo en el campo se nos diò así: “más fino y me muero” (publicidad de Chimó en la entrada de Calabozo – Edo. Guárico). En nuestra primera inmersión en un caño cristalino de Apure pude ver cómo un grupo de Hemiodus huía de nosotros escondiéndose entre la densa y colorida vegetación acuática, para minutos más tarde salir de nuevo y desfilar frente a nosotros en forma ordenada y tranquila, así como también lo hicieron una pareja de Aequidens, varios pavones (Cichla spp.) y una guabina (Hoplerythrinus unitaeniatus). Salimos del agua y recibí una instrucción de Iván: “agarra las llaves de la camioneta, te pones en frente mío y las sacudes dentro del agua, cerca de la superficie y sacudiendo la mano como en un chapaleo para atraer a los caribes”, en ese momento repetí en mi mente varias veces “los caribes no atacan, los caribes son carroñeros, los caribes no me harán daño, los caribes son buenos”, pero mientras tomaba las llaves, yo la que “trabaja con peces” pregunté: ¿hacer eso es seguro?, ¿no me harán daño?, a lo cual Ivan respondió sonriente y tranquilo para darme la confianza que necesitaba, y lo hice. Al llamado de las llaves acudieron varios pavones y luego, en un grupo más grande, los caribes, y allí estaba yo inmóvil y sorprendida rodeada de las “temibles”, tranquilas y hermosas pirañas mientras Ivan obturaba. Al día siguiente pude ver en vivo  y en directo aquello que tantas veces había leído sobre las complejas estrategias reproductivas de los cíclidos; una pareja de Heros desplegó su espectáculo de cortejo en frente de mí mientras cientos de pequeños Hemigrammus se acercaban curiosos y daban pequeños mordiscos como cosquillas a mis brazos y piernas; más tarde pude ver y tocar una raya del género Potamotrygon en un pozo cristalino de fondo arenoso, por el que caminé tranquila antes de verla y del que salí con precaución paso a paso.

Cada noche en campo me acosté pensando en todo lo que vi durante el día, y también reflexionando sobre lo frágiles que son estos ecosistemas, sobre lo conectados que están todos los elementos que lo componen y sobre lo poco que sabemos de cada una de éstas especies y sus requerimientos de hábitat. Comprendí que podemos, por ejemplo, examinar un contenido estomacal e identificar las presas en la dieta de un individuo, pero eso es sólo una parte de la compleja estrategia de alimentación de la especie y de su capacidad de adaptarse a las condiciones fluctuantes de su hábitat.  

Gracias a Ivàn y a la experiencia con él en campo aprendí que además de taxonomía, filogenia, biología y ecología de peces, necesitamos interactuar con ellos en su hábitat y establecer esa conexión en vivo, para poder aterrizar en la complejidad de los sistemas que estudiamos como ictiólogos y que todos nuestros conocimientos son herramientas para abordarlos, comprenderlos y concientizarnos de la necesidad de conservarlos; sólo así podremos transmitir consciencia… que va  más allá de la transmisión del conocimiento.

Juana Andrade-Lopez